Inicio Deportes La Liga Profesional se juega como un torneo de barrio

La Liga Profesional se juega como un torneo de barrio

Es triste decirlo, pero el título conseguido por la Selección en Qatar 2022 le hizo un daño enorme al fútbol argentino. No, no es un pensamiento insensato, sino la descripción del mal que, sin intención, causaron Lionel Messi y sus compañeros transformados en héroes hace poco más de seis meses. Ese éxito tan esperado por varias generaciones de hinchas convalidó un sistema de competición que hace de la pomposamente llamada Liga Profesional de Fútbol lo más parecido a un torneo de barrio.

Con la temporada ya en marcha, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) impulsó una modificación en las reglas. Y no cambió una cuestión estética, sino una tan delicada como la cantidad de equipos que perderán la categoría a fines de 2023. De los tres descensos -dos por promedio y uno por ubicación en la tabla anual- se pasó a dos, uno por el sistema de coeficientes que solo existe en estas tierras y otro por las posiciones de la Liga y de la Copa de la Liga Profesional, el certamen que completará el calendario.

LOS DIRIGENTES LEVANTAN LA MANO MASIVAMENTE PARA PISOTEAR LOS REGLAMENTOS.

La asamblea en la que se aprobó esta sustancial reforma se asemejó a una reunión en la que todos eran cómplices del mismo delito. Un delito grave, pero que en el fútbol argentino parece una travesura: pisotear los reglamentos. Las normas no están hechas para ser cumplidas, sino para ser alteradas según las conveniencias de ocasión. Ya pasó hace unos años con la fenecida Superliga Argentina de Fútbol (SAF), una estructura que estalló en mil pedazos cuando se insinuó la posibilidad de respetar un acuerdo que estipulaba el descuento de puntos para los equipos que se burlaran del fair play financiero.

En esa oportunidad los clubes, que habían huido de la órbita de la AFA persiguiendo un negocio que se avizoraba prometedor, corrieron nuevamente a refugiarse bajo el paraguas protector de la entidad de la calle Viamonte. Bastó con que la SAF amenazara con hacer cumplir las reglas para que los dirigentes la vaciaran de poder y retornaran al lugar del que habían escapado apenas tres años antes. Así de volubles y acomodaticios son quienes gobiernan los clubes.

UNA PARODIA

El encuentro celebrado en las últimas horas en el predio Lionel Andrés Messi -resulta contradictorio que el nombre del mejor jugador del mundo se use para identificar un predio en el que se hacen las peores trampas imaginables- pareció un mero trámite en el que todos los presentes estaban listos para ayudarse mutuamente. Son cómplices. Nunca hay que perder eso de vista.

En los días previos a este cónclave se deslizó que Claudio Tapia, el presidente de la AFA, estaba en contra de la modificación. Pero si el inefable Chiqui se oponía, nunca lo dijo en voz alta. Se limitó a autofelicitarse por haber logrado que la Argentina acogiera -y jugara- el Mundial Sub 20, un certamen al que ni siquiera se había clasificado. Hábil y rápido de reflejos, el hombre que hizo el milagro de llevar al modesto Barracas Central a Primera División se convirtió de la noche a la mañana en el salvador de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). Caída por razones políticas la sede de Indonesia, en Zúrich buscaban con desesperación una alternativa. Y ahí surgió, heroico y decidido, Tapia para rescatar a Gianni Infantino, titular de la FIFA.

CHIQUI TAPIA DISFRUTA SU CONDICIÓN DE SALVADOR DEL MUNDIAL SUB20 QUE LE AUMENTÓ SU CRÉDITO CON GIANNI INFANTINO.

Esa ingeniosa movida le valió el eterno agradecimiento del dirigente suizo. Si hasta en plena disputa de la Copa del Mundo que terminó en manos de los pibes uruguayos se le ocurrió felicitar a Tapia por el insólito torneo de 28 equipos que se lleva a cabo en la Argentina. Se tomó esa situación como un guiño hacia la AFA en concordancia con la intención de la FIFA de hacer cada vez más numerosa la cantidad de selecciones que intervienen en los Mundiales de mayores.

Por eso la Asamblea Extraordinaria convocada para definir el sistema de disputa de una competición que ya estaba definido hace meses fue una parodia. Con fingida solemnidad, los 43 representantes presentes de un total de 46 dejaron en evidencia que actúan como un individuo único. Si algo favorece a uno, los favorece a todos. Si algo perjudica a uno, los perjudica a todos. Importa poco y nada que ese algo haya sido consensuado por ellos antes de que la pelota comenzara a rodar por las canchas argentinas. A propósito: en realidad no existía algo que los perjudicara, puesto que se trataba simplemente de cumplir lo que habían firmado en noviembre del año pasado.

En la particular mentalidad de la dirigencia futbolística vernácula habita la llamativa noción de que descender es un pecado imperdonable. Y, por supuesto, nadie quiere descender. Por eso el amago de reducir paulatinamente el número de participantes del campeonato de Primera División a 20 o 22, una cifra acorde con lo que sucede en las ligas más serias del mundo, murió de muerte natural.

Como ahora perderán la categoría solo dos equipos y ascenderán tres desde la Primera Nacional -la segunda división-, la Argentina seguirá contando con 28 elencos en su principal competición. Un esquema absurdo, poco atractivo y complicado para diseñar el cronograma de partidos en un fin de semana teniendo en cuenta que los encuentros se televisan mayoritariamente por las dos pantallas del Pack Fútbol (TNT Sports y ESPN Premium) y solo un par se pueden ver sin cargo por ESPN y la Televisión Pública.

Ah… se mantendrán los promedios, esa curiosa y única modalidad para determinar los descensos. Se anuncia una y otra vez la eliminación de ese modelo, pero a los dirigentes les encanta especular con que una buena campaña cada tanto los mantenga a salvo de la catástrofe de perder su lugar en Primera.

UN PROBLEMA DE LARGA DATA

En este punto es preciso hacer algo de historia. El último legado de Julio Grondona, el eterno presidente de la AFA, fue el ridículo torneo de 30 participantes que obligó al masivo ascenso de diez equipos. Muy pronto quedó en evidencia que la decena de nuevos competidores no estaba en condiciones de ser más que un poco conveniente grupo de meros socios minoritarios a la hora de aportar jerarquía al certamen. Al fútbol de Primera le sobraban equipos y ese problema era indisimulable.

EL HISTÓRICO ANILLO DE GRONDONA CON LA LEYENDA «TODO PASA». NADA CAMBIÓ EN EL FÚTBOL ARGENTINO.

Grondona murió el 30 de julio de 2014. Su antinatural criatura de una treintena de protagonistas nació antes de su deceso y ningún dirigente se atrevió a corregir ese descomunal error, inspirado en la constante avaricia por los fondos que la televisación puede generar.  La sociedad de la AFA con el Estado nacional a través del programa Fútbol para Todos hacía que el negocio pergeñado por Don Julio cerrara por todos lados. Claro, menos por el costado deportivo, pero a nadie le importaba demasiado ese punto.

Tantos partidos por fecha obligaron a aumentar el plantel de árbitros. Así como ascendieron equipos a granel, se hizo necesario subir de categoría a muchos jueces. Los escándalos que semana a semana alimentan las polémicas que ni el pretendidamente sagrado VAR logra evitar son prueba irrefutable del patético panorama en el que se debate el más popular de los deportes en la Argentina. El nivel de vuelo bajo del juego va de la mano con el pobre desempeño de los presuntos encargados de hacer del fútbol un juego más justo.

FEDERICO BELIGOY TAMBIÉN SE MANTIENE A SALVO DE LAS CRÍTICAS EN ESTE PARTICULAR CONTEXTO.

Así como nadie se atreve a alzar la voz para pronunciar una palabra en contra de Chiqui Tapia por el pleno que acertó con la designación de Lionel Scaloni como técnico de la Selección nacional, también se mantiene a salvo de las críticas a Federico Beligoy, el responsable del arbitraje argentino. Los jueces pueden cometer las más desopilantes tropelías y salvo algún tirón de orejas momentáneo, todo sigue su curso. “Todo pasa”, decía Grondona. Y sigue pasando.

Lo cierto es que con total descaro los dirigentes borraron con el codo lo que habían escrito con letra engañosamente prolija hace unos meses. El pánico que se había apoderado de los equipos que naufragan en las cercanías de los últimos puestos de la tabla de la Liga se esfumó.  Los dirigentes se sienten aliviados. Algo más aliviados, porque esta decisión no les garantiza la supervivencia en Primera, más allá de que pone en riesgo a menos potenciales damnificados por las malas campañas.

No van a descender tres equipos al final de la temporada. Serán dos. La decisión se tomó cuando ya había comenzado la 21ª fecha de un torneo de 27. Quedan por delante el tramo final de la presente Liga Profesional y las 14 jornadas de la Copa de la Liga que contarán tanto para la tabla de promedios como para el cómputo anual de las posiciones. No sería extraño que una nueva Asamblea Extraordinaria surja para cambiar otra vez las reglas del juego. Es una triste costumbre de una dirigencia que emparenta a un certamen profesional con el más desorganizado y poco serio torneo de barrio.

Artículo anterior¿Es posible dolarizar la economía en la Argentina?
Artículo siguiente“Se ha transformado el segmento y las mujeres tienen más espacio en el mundo de los e-Sports”