El insólito traspié por 8-2 a manos del implacable Bayern Munich marcó un antes y un después en la vida del Barcelona. La derrota tuvo consecuencias más contundentes que la eliminación en la Liga de Campeones de Europa. Marcó el final de una era. Obligó al club catalán a barajar y dar de nuevo, a pensar en una renovación y, especialmente, a imaginarse cómo sería un futuro sin Lionel Messi, su máximo estandarte.

A medida que el alemán Marc-Andre Ter Stegen iba a buscar la pelota dentro de su arco se caía a pedazos un modelo extinguido y artificiosamente prolongado en el tiempo. Hace mucho que el Barcelona no es el Barcelona que tantos aplausos cosechó en el pasado reciente. Poco y nada quedaba del equipo brillante y contundente en iguales proporciones que nació al mando de Josep Guardiola en 2008 y que continuó más tarde con Tito Vilanova. La última imagen fresca se dio con Luis Enrique como entrenador. Pero el brillo de los años dorados disminuyó. Salvo por la presencia decisiva de Messi, el resto del equipo vive de laureles secos, venerados pero secos.
Desde que perdió a Andrés Iniesta y Xavi, Barcelona se entregó más que nunca a la capacidad del argentino. La Pulga debe hacer todo. Jugar, hacer jugar y marcar goles. El club ha invertido fortunas en refuerzos para disimular la partida de sus dos emblemáticos encargados de la creación. Ninguna de las incorporaciones estuvo a la altura de las circunstancias. Ni siquiera un campeón del mundo como el francés Antoine Griezmann.
La columna vertebral ha envejecido. Ivan Rakitic, Gerard Piqué, Sergio Busquets, Jordi Alba y Luis Suárez son algunos de los apuntados para dejar la Ciudad Condal. Se impone la renovación. Ellos seguirían el camino de salida que iniciaron el director deportivo Eric Abidal y Quique Setién, un entrenador con pocos pergaminos para el cargo que ocupó y en el que jamás dio la talla.
Llegó el neerlandés Ronald Koeman como encargado de diseñar la nueva etapa. Si tiene crédito es por su pasado como líder de la defensa del Barcelona, más que por su carrera del otro lado de la línea de cal. Su primera jugada fue asegurarse la continuidad de Messi, pero La Pulga no le dio la respuesta que aguardaba. Está cansado de ser el único que da la cara por el equipo. Tampoco le gustó que se filtraran los detalles de su reunión privada con el nuevo técnico. ¿Se puede pensar en un Barcelona sin Messi?
Las primeras incorporaciones son el mediocampista bosnio Miralem Pjanic (Juventus) y el delantero portugués Trincao (Sporting Braga). Se habla de los argentinos Lautaro Martínez (Inter) y Nicolás Tagliafico (Ajax) dentro de una extensa lista de posibles contrataciones. Salvo por el joven ex atacante de Racing, ninguna figura demasiado prometedora. Los apuntados no surgen como nombres que seduzcan sólo al pronunciarlos. Barcelona se entregó a la política de compras a granel que hace mucho caracteriza al Real Madrid. A propósito, ¿cuánto hace que la famosa Masía no fabrica un crack? Su célebre semillero también parece haberse secado.
Mientras implora que Messi opte por quedarse y que su amago de salida haya sido una rabieta, Barcelona entendió que los buenos viejos tiempos terminaron. El ciclo triunfal se agotó.










