Las lágrimas de Lionel Messi estremecen. Marcan el punto final de un ciclo inolvidable. El triste final de un ciclo inolvidable. Porque Argentina perdió con España 1-0 en la definición del Mundial 2026 y debió despedirse del título que cosechó hace casi cuatro años en Qatar. Es una derrota dolorosa. ¿Cómo no va a serlo si este equipo entregó el corazón en cada partido? ¿Cómo no va a serlo si todo un país se ilusionó con que La Pulga se despidiera con la Copa del Mundo en sus manos? Pero la razón obliga a aceptar que la Selección fue superada por La Roja de principio a fin. Y también a reconocer que no tuvo fútbol para oponer resistencia a la superioridad de su rival ni corazón para luchar contra el destino.
Nunca pudo Argentina plantearle batalla a España. No supo hacerlo. Con el resultado puesto podría advertirse que equivocó el camino, que no tenía sentido regalarle el dominio a un adversario que saca lo mejor de su repertorio cuando le dan la oportunidad de manejar la pelota. Pero también parece justo reconocer que tuvo mucha mala suerte porque se le lesionaron los dos marcadores centrales en el momento menos oportuno. No, no hay margen para las excusas. Conviene, en cambio, ponderar su ambición para jugarse a todo nada para retener el cetro de campeón que ganó en 2022. Pocos campeones han sido tan competitivos como este que forjó Lionel Scaloni.
Desde mucho antes de que la pelota comenzara a rodar por el césped del MetLife Stadium se sabía que España iba a intentar controlar el ritmo del juego. Y lo hizo. Con buen trato de balón, con Rodri, Dani Olmo -Argentina jamás entendió cómo marcarlo-, el equipo de Luis de la Fuente intentaba progresar en el campo. Lo lograba con bastante comodidad y trepaba por los costados con Lamine Yamal y Marc Cucurella. Las huestes de Scaloni no tenían solución para esa serie de problemas que le provocaba su rival.
La receta del DT de relegar a Leandro Paredes e incluir por el costado izquierdo del mediocampo a Nicolás González no dio buenos resultados. El hombre del Atlético Madrid no pesaba en la ofensiva y tampoco colaboraba con Nicolás Tagliafico en la marca de Yamal. El trío Rodrigo de Paul – Alexis Mac Allister – Enzo Fernández no hacía pie en el medio y Argentina se exponía al ordenado toque de los españoles. Para fortuna de los albicelestes, La Roja no se mostraba muy punzante en ataque.
Las únicas aproximaciones de los europeos en el primer tiempo fueron un disparo de Yamal que Dibu Martínez atrapó tras un rebote en Lisandro Martínez, otro a rastrón de Oyarzabal y un tiro cruzado de Cucurella que no le causó demasiados problemas al arquero. Todo muy tibio, pero no hacía más que confirmar que si había un equipo decidido a ir al frente ese era España. Argentina, por el contrario, apenas conseguía la pelota y cuando la tenía en su poder no sabía qué hacer con ella.
Los albicelestes jugaban su peor partido del Mundial. En 45 minutos no patearon ni una sola vez al arco defendido por Unai Simón. Por aún: ni siquiera lograron acercarle el balón a Messi. Es decir que no podían encomendarse al futbolista más capacitado para mostrarle el rumbo a un equipo completamente perdido. Apenas Cristian Romero y en menor medida Lisandro Martínez mantenían en alto a una Selección de vuelo muy bajo. El cuadro se complicó todavía más porque Licha salió muy pronto lesionado y le dejó su lugar a Nicolás Otamendi.

Scaloni observó el nítido fracaso del dispositivo táctico que había diseñado y en el complemento recurrió a Paredes en reemplazo de un Nico González de intrascendente actuación. La variante no le sirvió de mucho porque España jamás dejó de dominar a su antojo. Argentina se hundía en sus inseguridades. Los de De la Fuente ponían al descubierto ese desconcierto tan notorio del campeón del mundo. Jamás en el ciclo iniciado en 2019 la Selección había ofrecido una imagen tan pálida. Tan preocupante. Tan impotente.
Quizás hasta el propio técnico cayó en la confusión en la que se debatía su equipo y repitió el habitual cambio de laterales -esta vez entró Nahuel Molina por Gonzalo Montiel- que pareció sin sentido. En especial porque a medida que pasaban los minutos se veía que el partido se le hacía cuesta arriba a Argentina también en el aspecto físico. Cuti Romero era lo más firme del equipo junto a Tagliafico -terminó por controlar a Yamal-, pero no pudo más y dejó la cancha. Entró Facundo Medina y la defensa se rearmó con un cuarteto totalmente improvisado: Molina, Otamendi, Medina y Tagliafico.
España acorraló a Argentina. Sin claridad, pero con insistencia se acercó al gol con remates de Dani Olmo, Pedri, Cubarsí, Ferrán Torres -reemplazante de Oyarzabal- y Yamal, más un par de cabezazos de Ferrán y Laporte. Un despropósito. Los reflejos de Dibu y la mala puntería impidieron que los peninsulares alcanzaran la ventaja que merecían. No había dudas de que solo uno buscaba la victoria. El otro resistía. Hacía lo que podía. Y podía poco. Poquísimo. Nada, en realidad.

RESISTIR, SOLO RESISTIR
De la Fuente también había introducido variantes para torcer la historia. El entrenador comprendía que, más allá de la insistencia, a su equipo le faltaba profundidad. La Roja hacía diferencia tanto en el juego como en el aspecto físico. Por el contrario, La Scaloneta estaba extenuada. Julián Álvarez no había tocado la pelota, pero había corrido a todos los españoles. Tagliafico tampoco podía más. Entró Giuliano Simeone para aportar ganas. A esa altura, la fórmula se reducía al entusiasmo y a la resistencia. De fútbol, ni hablar.
Si algo se le podía reprochar a la Selección es que nunca se propuso ser protagonista. Le cedió por completo ese rol a su adversario como si entendiera que no tenía argumentos para hacer algo diferente. Si Messi casi no tocó la pelota. Pasó completamente inadvertido. Y cuando el capitán no entraba en acción y Julián estaba más concentrado en luchar que en jugar, las posibilidades argentinas se reducían tanto que se hacían inexistentes. Para colmo de males, a Enzo Fernández lo venció la impotencia y se hizo expulsar.
A pesar de la inmensa superioridad española, la final se estiró hasta el tiempo suplementario. Esa media hora extra se antojaba una demanda desmedida para una Argentina exhausta y en inferioridad numérica. Si a lo largo del Mundial había jugado con el corazón en la mano, no le quedaba otra salida que apelar a ese rasgo distintivo que la empujó hacia el triunfo cuando todo parecía indicar que estaba contra las cuerdas. ¿Le iba a alcanzar otra vez con el corazón? ¿Podía aguantar solo con el corazón? No había tenido fútbol durante los 90 minutos reglamentarios y tampoco se apreciaba que dispusiera de resto físico.
Ajena a esas problemas, España persistió en la búsqueda. Dibu se lo negó a Pedri y un rato después el árbitro esloveno Slavko Vincic anuló un tanto de Iñaki Williams por un pisotón de Mikel Merino sobre Otamendi. A ese instante de alivio le siguió otro susto provocado por un cabezazo de Merino -el salvador de La Roja en octavos de final contra Portugal y en cuartos frente a Bélgica- que se fue apenas desviado. La desproporción de posibilidades de gol a favor de los europeos era abrumadora, absurda. Si Argentina ni siquiera había pateado al arco…
En la aceptación final de la inferioridad argentina, Scaloni no tuvo más remedio que apelar a Marcos Senesi para reemplazar a Julián. El atacante no daba más y el zaguero se sumaba a una defensa que ya contaba con cinco integrantes. Bueno… en realidad eran casi cinco porque Tagliafico estaba al límite de su resistencia. Había anulado a Yamal y no podía moverse, pero igual permanecía en la cancha. A esta Selección no se le pasaba por la cabeza la posibilidad de renunciar, aun cuando no hiciera nada para ganar. Solo quedaba aferrarse al milagro de llegar a la definición desde los doce pasos.
EL PRINCIPIO DEL FIN
Faltaba todavía un cuarto de hora y España derrumbó por completo la esperanza no bien se puso en marcha el segundo tiempo del suplementario. Williams bajó de cabeza un centro que llegó desde la punta derecha y la pelota le quedó servida a Ferrán Torres para doblegar a Dibu. El 1-0 parcial era justo, tan tardío como justo porque los peninsulares habían hecho todos los méritos para quedarse con el título.

Los albicelestes apostaban a que la diosa fortuna les concediera la utopía de otra resurrección. Ya habían estado sin vida varias veces en este Mundial. Lo estaban en este momento. Pero les costaba tomar la pelota y cuando lo hacían se percibía con claridad que no sabían qué hacer con ella. Demasiados hombres con vocación defensiva, más el ímpetu de Simeone y la solitaria presencia de Messi conspiraban contra cualquier atisbo de reacción. Argentina se ofrecía al contraataque español y solo porque el VAR detecta posiciones adelantadas milimétricas el árbitro anuló una conquista de Ferrán Torres.
Probó al arco Messi con un disparo que tuvo más de último recurso que de convicción, Cubarsí se lo negó a Senesi con un cierre más que oportuno y, en la llegada más clara, Simeone le pegó por arriba del travesaño. La Selección no tenía más. No podía más. Llegó al octavo partido y siempre dejó la sensación de que había que ser muy superior a ella para despojarla del título del mundo. España lo fue. Y Argentina se quedó con las manos vacías y con las lágrimas de una derrota muy dolorosa para un equipo que fue todo corazón.
LA SÍNTESIS
España 1 – Argentina 0
España: Unai Simón; Pedro Porro, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte, Marc Cucurella; Rodri, Fabián Ruiz; Lamine Yamal, Dani Olmo, Álex Baena; Mikel Oyarzabal. DT: Luis de la Fuente.
Argentina: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Nicolás González; Lionel Messi, Julián Álvarez. DT: Lionel Scaloni.
Incidencias
Primer tiempo: 44m Nicolás Otamendi por Lisandro Martínez (A). Segundo tiempo: Leandro Paredes por N. González (A); 12m Nahuel Molina por Montiel (A); 16m Ferrán Torres por Oyarzabal (E); 16m Pedri por Fabián Ruiz (E); 24m Facundo por Medina por C. Romero (A); 24m Giuliano Simeone por De Paul (A); 29m Mikel Merino por Dani Olmo (E); 29m Iñaki Williams por Álex Baena (E); 47m expulsado E. Fernández (A). Primer tiempo suplementario: 8m por Zubimendi por Rodri (E); 8m Eric García por Laporte (E); 11m Marcos Senesi por J. Álvarez (A). Segundo tiempo suplementario: 1m gol de Ferrán Torres (E).
Amonestados: Lisandro Martínez, Paredes, C. Romero, E. Fernández, Mac Allister (A).
Cancha: MetLife Stadium (New Jersey, Estados Unidos). Árbitro: Slavko Vincic, de Eslovenia.












