El dirigente sindical, escritor, ensayista y también reconocido por su estrecho vínculo con el ambiente de la música y el rock, Victorio Pirillo, expresó su profundo pesar por el fallecimiento del gran músico uruguayo Rubén “El Negro” Rada.
Hay fotografías que cuentan mucho más de lo que parece. En la imagen principal, el Negro Rada aparece junto al expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica y Pirillo, pero detrás de la escena hay una historia que une al escritor y sindicalista argentino con uno de los grandes referentes de la música popular uruguaya.
La relación entre Pirillo y Rubén “Negro” Rada data del histórico Festival de la Solidaridad Latinoamericana, realizado el 16 de mayo de 1982 en el Estadio Obras Sanitarias de Buenos Aires, recordado como el gran festival benéfico organizado en apoyo a la causa de Malvinas.
“Recuerdo a Rada como uno de esos artistas que no necesitaban hacer ningún esfuerzo para transmitir alegría, talento y una personalidad única. Tenía una voz inconfundible y una manera extraordinaria de entender la música. Su desaparición es una pérdida lamentable para el mundo de la música y, en particular, para toda la cultura rioplatense”, expresó Pirillo.
La amistad se fue fortificando durante los años en que el dirigente argentino estuvo vinculado a Uruguay ya que Pirillo se desempeñó como asesor de la Embajada Argentina en Montevideo entre 2010 y diciembre de 2015. Su presencia en ese ámbito le permitió profundizar vínculos con referentes de la cultura y la sociedad uruguaya, entre ellos Rada.
Pero si hay algo que explica esa cercanía es la particular relación que Pirillo mantiene desde hace décadas con la música. Su vínculo con los artistas no parece responder a una cuestión protocolar ni a la búsqueda de una foto: forma parte de un universo de amistades personales que fue construyendo con el paso de los años.
LAZOS
A lo largo de su vida, Pirillo mantuvo una estrecha amistad con figuras fundamentales de la música nacional, entre ellas Norberto “Pappo” Napolitano, Vitico Bereciartúa, Michel Peyronel, Billy Bond, Adrián Otero, Néstor Betere, Horacio Fontova, Giuseppe Puopolo, Ariel “Arito” Rodríguez, el Padre César, Emilio Villanueva y Luciano Napolitano, entre otros. También cultivó una profunda relación con grandes exponentes del folklore argentino, como Ariel Ramírez, César Isella, Domingo Cura, Jaime Torres y Zamba Quipildor.
Incluso, Vitico, bajista de Riff y compañero de ruta de Pappo, llegó a entregarle personalmente a Pirillo su autobiografía El Canciller, al que definió públicamente como un amigo personal. Y con Peyronel la relación también es de larga data. El músico lo invitó especialmente al acto en el que la Legislatura porteña lo distinguió como Personalidad Destacada de la Cultura, una muestra más de la cercanía que mantienen desde hace años.
En ese contexto debe entenderse el homenaje que Pirillo le dedica ahora al Negro Rada. No se trata solamente de despedir a un artista extraordinario, fallecido el 26 de agosto a los 83 años. Rada fue, además, un personaje capaz de unir mundos: el candombe con el rock, Uruguay con Argentina, la música popular con grandes figuras internacionales.
Y vaya si supo cruzar fronteras. En 2016, durante la visita de los Rolling Stones a Montevideo, Rada conoció personalmente a Mick Jagger en la casa del percusionista Fernando “Lobo” Núñez. Aquel encuentro terminó convertido en una anécdota inolvidable y hasta inspiró la canción “Lobo y Miguel”, incluida en el disco Negro Rock.
“Con la partida de Rubén ´El Negro´ Rada, la música rioplatense pierde a uno de sus creadores más originales y entrañables. Pero su obra, su inconfundible voz y su permanente espíritu de renovación continuarán vivos en la memoria y en el corazón de varias generaciones”, sostuvo Pirillo.
Ahora, frente a su partida, Pirillo recupera aquella relación y aquella fotografía. Una imagen que reúne política, amistad, diplomacia y música, pero que sobre todo retrata algo mucho más sencillo: dos hombres unidos por una pasión común y por ese lenguaje universal que tantas veces hizo del Río de la Plata una sola orilla.











