Pensar que hubo un tiempo en el que Lionel Messi hundía la mirada en el césped en busca de explicaciones cuando sus buenas intenciones no tenían recompensa. Pensar que en esa época parecía bajar los brazos y perderse en la decepción sin que sus compañeros lo ayudaran a salir adelante. Todo eso es parte del pasado, porque La Pulga y la Selección son diferentes. El capitán no se permite caerse y el equipo lo sostiene. Porque son todos para uno y uno para todos, Argentina se levantó cuando estaba a punto de derrumbarse y construyó un triunfo por 2-0 sobre Austria que la instaló en la siguiente fase del Mundial.
Apenas habían transcurrido ocho minutos de acción en Dallas cuando Messi exageró a la hora de esquinar su remate desde el punto penal y la pelota viajó a un costado el poste derecho del arquero Alexander Schlager. Los albicelestes dilapidaban así una oportunidad dorada para reducir a la nada la oposición de un ordenado conjunto austríaco que solo pensaba en refugiarse en su campo y salir de contraataque si se le presentaba la oportunidad.
En otro tiempo, cuando las sonrisas eran ajenas y las penas argentinas, Messi y la Selección se habrían desintegrado. Hoy, desde hace un largo tiempo, en realidad, eso ya no ocurre. El rosarino se siente respaldado por sus camaradas y puede reponerse pronto de la decepción. Sí, claro, pasaron varios minutos hasta que las huestes de Lionel Scaloni se sacudieron de la cabeza esa oportunidad perdida desde los doce pasos, pero cuando lo hicieron jugaron como si nada malo hubiese ocurrido.
Entonces, el campeón del mundo jugó con la madurez y la solvencia que lo caracterizan. El mediocampo, ágil e inteligente, movió la pelota con sabiduría gracias a la buena ubicación de Alexis Mac Allister, el despliegue de Rodrigo de Paul, la claridad conceptual de Enzo Fernández y la movilidad de Thiago Almada para ofrecerse como usina creadora de fútbol. Ese cuarteto encontró siempre libre a Messi para que mostrara el camino y entre los cinco buscaran a Lautaro Martínez, que no temía pelear muchas veces en inferioridad numérica con la retaguardia rival.
Y peleó tanto Lautaro que, bien temprano en el partido, corrió a buscar un pase largo al corazón del área y cayó encerrado por el exceso de fuerza de Stefan Posch y Xaver Schlager. Penal. No acertó Messi y todo lo bueno que había mostrado el equipo se esfumó durante varios minutos. En ese lapso, Austria por fin se adelantó unos metros y, con la conducción de Marcel Sabitzer y la movilidad de Konrad Laimer por el costado izquierdo, trataba de empujar a Argentina contra la valla de Emiliano Martínez.
Ese rato en el que los dirigidos por Ralf Rangnick le discutieron el protagonismo a Argentina no bastó para preocupar a Dibu porque el grandote Michael Gregoritsch no encontraba la pelota y perdía en el mano a mano con Cuti Romero y Lisandro Martínez. Cuando se olvidó del impacto causado por el yerro de Messi, el equipo albiceleste retomó el control con la ordenada tarea de su mediocampo. Si los de Scaloni mueven los hilos en la mitad de la cancha, a los adversarios el partido se les hace cuesta arriba.
Facundo Medina trepó por la banda izquierda y envió un centro, Almada amagó entrar en juego y dejó pasar la pelota. Atento y más lúcido que cualquier otro jugador sobre la tierra, Messi sacó rédito de la distracción generada por el ex Vélez y lanzó un remate que viajó hacia el fondo del arco de Schlager. El gol de esta Pulga indestructible confirmó que Argentina se había quitado de la cabeza el penal dilapidado media hora antes. Esta Selección no se derrumba con facilidad. Todo lo contrario.
Austria se vio forzada a dar varios pasos al frente. Se juntaron Sabitzer, Laimer y Romano Schmid con más frecuencia y Gregoritsch, ese gigante de 1,93 metros, arremetió con más determinación con la dupla central albiceleste. No bastó para poner en aprietos a los argentinos, ya que apenas se acercó con un remate de Sabitzer que contuvo Dibu y un cabezazo del alto centrodelantero bien cubierto por Medina. Es verdad: hasta ese momento casi no había llegado, pero la desventaja en el marcador la obligaba a modificar su plan de acción.
Antes del gol, Argentina había llegado con una conexión sin demasiado peligro entre Lautaro y Messi y con una combinación de Enzo Fernández -muy lúcido en la creación- con Almada y La Pulga que terminó en un rechazo de David Alaba. No era mucho, pero lo suficiente para que Austria supiera que los albicelestes no le iban a dar la oportunidad de descuidarse. Esa advertencia se repitió en el segundo tiempo cuando un cabezazo de Nicolás González -entró por El Toro Martínez- que se fue apenas desviada.
SABE SUFRIR, PERO MÁS SABE GANAR
Rangnick cambió la estructura ofensiva de su equipo. Sumó a Marko Arnautovic para formar un doble nueve con Gregoritsch en procura de atosigar a la dupla de zagueros que ya integraban Nicolás Otamendi -reemplazó a Cuti Romero- y Licha Martínez. Esa variante le otorgó mayor profundidad al ataque europeo y le hizo entender a Argentina que también debía tomar precauciones ante sofocones como el que abortó Medina -de sólida labor- ante una avanzada de los austríacos en el área albiceleste.
El asedio se hacía cada vez más intenso. Scaloni recurría a Nicolás Tagliafico en el fondo y a Leandro Paredes para darle descanso al laborioso De Paul. Nico González -que tuvo una gran oportunidad para aumentar, pero definió mal- ya se desdoblaba en el ataque y en la marca. La posesión hacía rato que había quedado en poder de Austria. Argentina esperaba agazapada la oportunidad para salir en velocidad de contraataque o, al menos, para aquietar el ritmo con una acertada circulación de la pelota.
Un cabezazo de Kevin Danso provocó un susto enorme, pero en la réplica Argentina volvió a demostrar su convicción para resistir el asalto y hacerse fuerte con su contundencia en ataque. Lo tuvo Julián Álvarez y casi inmediatamente Messi, sí Messi, aumentó con una aparición digna de un hombre con insaciable hambre de gloria para agigantar su dimensión de fenómeno. Ya con el 2-0 consumado, La Pulga probó puntería con un tiro libre que se fue apenas desviado. Sí, estuvo cerca de un nuevo triplete.
Y fue otro triunfo para Argentina en el Mundial. Gracias a un equipo con una personalidad ganadora que abruma y a un Messi que no solo ya lidera en soledad la tabla histórica de los goleadores en Mundiales -le sacó dos tantos de ventaja al alemán Miroslav Klose-, sino que hasta tuvo tiempo de colaborar con la marca. Juega como pocos y se sacrifica como todos. Pensar que hace un tiempo, La Pulga se dejaba vencer por el desánimo cuando las cosas no le salían bien… Pensar que no tenía a un grupo de compañeros que, como ahora, lo ayudan a ponerse de pie…
Esta Selección está preparada para sufrir, para jugar, para seguir acumulando victorias y gloria… Porque con este Messi implacable que está dispuesto a pulverizar todos los récords cualquier sueño puede hacerse realidad.
LA SÍNTESIS
Argentina 2 – Austria 0
Argentina: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Facundo Medina; Rodrigo de Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Thiago Almada; Lionel Messi, Lautaro Martínez. DT: Lionel Scaloni.
Austria: Alexander Schlager; Stefan Posch, Kevin Danso, David Alaba, Konrad Laimer; Nicolas Seiwald, Xaver Schlager; Romano Schmid, Paul Wanner, Marcel Sabitzer; Michael Gregoritsch. DT: Ralf Rangnick.
Incidencias
Primer tiempo: 8m Messi (Arg) desvió un penal; 38m gol de Messi (Arg). Segundo tiempo: 12m Nicolás Otamendi por Romero (Arg); 19m Julián Álvarez por Almada (Arg); 20m Nicolás González por Lautaro Martínez (Arg); 22m Marco Friedl por Alaba (Aus); 23m Marko Arnautovic por Wanner (Aus); 23m Alexander Prass por Posch (Aus); 30m Patrick Wimmer por Schmid (Aus); 36m Leandro Paredes por De Paul (Arg); 36m Nicolás Tagliafico por Medina (Arg); 39m Carney Chukwuemeka por Gregoritsch (Aus); 49m gol de Messi (Arg).
Amonestados: Medina y Paredes (Arg); Laimer y Posch (Aus).
Cancha: Dallas Stadium (Arlington, Estados Unidos). Árbitro: Amin Mohamed, de Egipto.















