
Pasaron cuatro años desde la consagración en Qatar 2022. Bueno… la verdad es que fueron apenas tres años y medio por esas cuestiones de la agenda mundialista… Más allá de eso, está claro que Argentina no es la misma que llegó al título. Tiene más experiencia, la misma determinación y personalidad ganadora e idéntico hambre de gloria, pero juega mucho menos. Y se nota. A pesar de esas diferencias, se las ingenia para no apartarse del camino de la victoria. Por eso se quitó de encima a Suiza con un 3-1 que la catapultó a las semifinales de la Copa del Mundo. Con sufrimiento -con demasiado sufrimiento-, pero con el sueño intacto.
Claro que este Seleccionado no le hace honor al juego desplegado en el Mundial anterior. Por supuesto que sus rendimientos no invitan al aplauso sostenido y de pie… ¿Cómo disimularlo? Se percibe con nitidez. Este equipo tiene carácter y por eso sigue adelante. Se mantiene en pie, con coraje, con convicción y, sí, vale la pena remarcarlo: a puro sufrimiento. Dicen que si no cuesta no vale y a Argentina le costó tanto este 3-1 que por eso mismo el triunfo tiene un valor incalculable.
Nunca antes se vio a este equipo construido por Lionel Scaloni cederle tanto el protagonismo a su rival. Los helvéticos manejaron la pelota casi a su antojo durante gran parte del encuentro. Es difícil saber si se trató del plan elaborado por el técnico, pero lo que quedó claro fue que la Selección no jugó como suele hacerlo. El balón pasó más por los pies de Djibril Sow, Fabian Rieder y el peligroso Dan Ndoye que por los de Leandro Paredes, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Rodrigo de Paul y Lionel Messi. No se antojaba común que ocurriera eso. Encima, cuando los albicelestes conseguían la bocha la arriesgaban más de la cuenta, especialmente con pases muy comprometidos.
Así y todo, Suiza no los ponía en aprietos, salvo por la superioridad de Ndoye sobre un inseguro Nahuel Molina. Cuando Argentina procuraba controlar el trámite, la marca cercana de Granit Xhaka sobre Paredes impedía que los albicelestes dispusieran de un manejo pulcro de la pelota. Los movimientos se hacían confusos, inseguros y poco efectivos. El panorama no se vislumbraba alentador, pero bastó con un acierto en una acción aislada para que se consumara la ventaja inicial que la Selección no había demostrado en el juego.
Messi forzó un tiro de esquina sobre la punta izquierda. La ejecución del capitán hizo blanco en la cabeza de Mac Allister, quien les ganó en el salto a rivales mucho más altos y estableció un 1-0 sorpresivo. No justificaba Argentina esa diferencia. Tampoco la merecía. Casi no se había acercado al arco de Gregor Kobel. Suiza, que no había hecho nada para ganar, no debía estar en desventaja, pero el fútbol jamás respeta la lógica y a veces premia sin medir lo ocurrido en la cancha.
El resultado a favor pudo haber tranquilizado a Argentina. Habría sido muy valioso que los de Scaloni se aferraran a ese 1-0 para entender que debían cambiar, que debían mejorar una propuesta demasiado pálida. Los albicelestes parecían no saber qué necesitaban. Si tener la pelota para aquietar el ritmo suele considerarse una buena opción, esa alternativa no fue contemplada. Retrocedieron mucho en el campo y exageraron la cesión del balón a sus adversarios. La idea no se vislumbraba correcta.
Paredes no hacía pie en el medio por el asedio de Xhaka. Mac Allister y Enzo Fernández pasaban inadvertidos y De Paul corría sin sentido… El flanco derecho de la defensa se mostraba inseguro y Ndoye cargaba una y otra vez sobre Molina con el apoyo de Rieder. Cuti Romero y Lisandro Martínez trabajaban a destajo con el grandote Breel Embolo… Messi no entraba en acción y Julián Álvarez trataba de bajar los pelotazos que le tiraban como único recurso de avance. La imagen no era la mejor y empeoró porque Dibu Martínez se vio forzado a poner la cara por el equipo con contenciones ante intentos de Sow y Ndoye.
Con 45 minutos por delante no había margen para la duda: se imponía un cambio de imagen. Pero Argentina no cambió y Suiza encontró más comodidad para aproximarse al arco albiceleste. Dibu volvió a aparecer en dos ocasiones ante sendos cabezazos de Embolo y un remate de Xhaka. Fueron tres anticipos de lo que iba a pasar tarde o temprano: se juntaron Ndoye y Rieder y el primero de ellos estampó la igualdad que castigaba a un equipo argentino que no solo no conseguía dominar la pelota, sino que además veía cómo se le escurría la exigua ventaja que tenía en el marcador.
Embolo fingió una infracción contra Paredes y se llevó la segunda amonestación. Su expulsión le quitó un problema de encima a Cuti y a Licha en el fondo y obligó al DT Murat Yakin a acumular gente en la retaguardia. Scaloni mandó a la cancha Nicolás González, quien se encontró varias veces con Messi para atacar. Entró Lautaro Martínez en reemplazo del intrascendente De Paul y Gonzalo Montiel tomó el lugar de Molina, de flojo desempeño. Ante la inferioridad numérica de los europeos, Argentina por fin se animó a adelantarse y a mostrar la ambición que hasta ese momento no había exhibido.
Messi, quien apenas había entrado en acción, lideró las tardías incursiones ofensivas. El final del tiempo reglamentario se acercaba y cerca del epílogo la Selección dispuso de un par de oportunidades para abrazarse al triunfo. Nico González -de productiva labor- rescató una pelota que parecía perdida y sacó un centro que Mac Allister cabeceó desviado, La Pulga probó con un derechazo que se fue cerca del poste izquierdo y Licha Martínez intentó con una tijera que tapó Kobel. Esos últimos diez minutos de decisión más firme de los argentinos no bastaron para quebrar un empate que extendió el suspenso hasta el suplementario.
FALTÓ MESSI, PERO PARECIERON JULIÁN Y LAUTARO
Quedaba media hora para definir la continuidad en el Mundial y Argentina se veía en la obligación de ser artífice de su propio destino. El ingreso de Thiago Almada por Enzo Fernández -otro que quedó en deuda- le ofreció a Messi -que por primera vez no anotó en el torneo- más alternativas de asociación. El desarrollo se alteró por completo porque los albicelestes comprendieron que todo dependía de ellos. Nico González y Lautaro Martínez probaron puntería sin éxito y luego los imitó Almada con dos remates peligrosos. Esas acciones confirmaban que un equipo había elegido ir al frente y el otro -Suiza- se limitaba a aguantar y a dejar pasar los minutos.
Salió agotado Paredes y con la aparición del Flaco José Manuel López quedaba establecido que ya solo había margen para echar el resto: tres centrodelanteros juntos, más Messi y Almada. Todos al ataque. Sin reservas. Y entonces irrumpió Julián Álvarez, el que casi no había tocado la pelota, el que había luchado cuerpo a cuerpo con los defensores… el que acertó con un remate precioso al ángulo superior izquierdo de Kobel que se transformó en el golazo que despejó la ruta hacia las semifinales.
Y hubo un motivo más para festejar porque a pesar de que había estado lejos de un nivel parecido al de hace poco menos de cuatro años en Qatar, Argentina se plantó para salir de contraataque en cuanto se le presentara la oportunidad. No pudo Messi, más tarde tampoco lo logró Almada, pero asomó Lautaro Martínez para sellar el 3-1 definitivo. Así, con poco de fútbol -con nada de fútbol, en realidad- y con mucho sufrimiento, la Selección se instaló entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo. No, no jugó bien, pero ganó. Y a esta altura, es lo único que importa.
LA SÍNTESIS
Argentina 3 – Suiza 1
Argentina: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi, Julián Álvarez. DT: Lionel Scaloni.
Suiza: Gregor Kobel; Denis Zakaria, Nico Elvedi, Manuel Akanji, Ricardo Rodríguez; Remo Freuler, Granit Xhaka; Djibril Sow, Fabian Rieder, Dan Ndoye; Breel Embolo. DT: Murat Yakin.
Incidencias
Primer tiempo: 10m gol de Mac Allister (A). Segundo tiempo: 22m gol de Ndoye (S); 26m expulsado Embolo (S); 32m Nicolás González por Tagliafico (A); 39m Lautaro Martínez por De Paul (A); 39m Gonzalo Montiel por Molina (A); 41m Silvan Widmer por Sow (S); 41m Miro Muheim por Rieder (S); 41m Zeki Amdouni por Ndoye (S); 45m Eray Cümart por R. Rodríguez (S). Primer tiempo suplementario: Thiago Almada por E. Fernández (A); 5m Ardon Jashari por Zakaria (S). Segundo tiempo suplementario: Nicolás Otamendi por C. Romero (A); 4m José Manuel López por Paredes (A); 7m gol de J. Álvarez (A); 9mRuben Vargas por Freuler (S); 15m gol de Lautaro Martínez (A).
Cancha: Arrowhead Stadium (Kansas City, Estados Unidos). Árbitro: Joao Pinheiro, de Portugal.













