Qué corazón tiene la Selección argentina! ¿Cómo hace para ponerse de pie cuando parece haberse derrumbado? ¿De dónde saca este equipo esa fortaleza para reponerse de la adversidad? ¿En qué cabeza cabe que un 2-0 para Egipto que se antojaba inmodificable en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un triunfo épico por 3-2? ¿De qué manera se le explica a un observador neutral que estos jugadores dejan la vida cuando se visten de celeste y blanco? Sí, tiene un corazón enorme la Selección. Y también tiene determinación, juego, hambre de gloria… Si, hambre de gloria porque no se puede hacer historia como ocurre desde hace cinco años sin ese atributo. Y este equipo jamás renuncia a hacer historia.
Cuando faltaban poco más de diez minutos, Egipto ganaba 2-0. “Partido liquidado”, habría dicho cualquier relator que no tuviera más remedio que rendirse ante las evidencias. ¿Partido liquidado? No, para nada. ¿Cómo va a ser partido liquidado si Lionel Messi lucha y juega como si jamás hubiese ganado nada y como si un rato antes no le hubiesen atajado un penal? ¿Cómo va a ser partido liquidado si Cuti Romero se va a buscar el gol y lo encuentra como solo hallan recompensa los que sueñan en grande? ¿Cómo ese fenómeno que es Enzo Fernández se va a perder la oportunidad de hacer el gol de su vida? ¿Cómo alguien puede pensar que Argentina se va a rendir?
Este equipo nunca se rinde. Aunque no esté en su mejor nivel, aunque muestre fisuras, aunque tenga todo en contra. Lionel Scaloni formó un grupo indestructible que siempre cree que hay un mañana. Porque hoy, hace un rato, todo estuvo a punto de terminar. Pero sigue, porque Argentina sigue. Porque Argentina cree. Porque no se permite bajar los brazos. Todo lo contrario: los mantiene bien altos. Porque cuando se festeja un triunfo como este se hace con los brazos en alto, con el corazón totalmente acelerado, con los ojos llenos de lágrimas, con las gargantas destrozadas de tanto gritar.
La pasó muy mal durante varios pasajes de este duelo por los octavos de final del Mundial. No hay eufemismos posibles: estaba contra las cuerdas. Le fue peor que contra Cabo Verde y, justamente porque no había jugado bien ese partido, el técnico metió mano en el equipo y acertó en todas sus decisiones. Uno, desde afuera, piensa y el resto, desde adentro, ejecuta, aun con errores, pero con amor propio, con fútbol y con convicción. Sí, es verdad, en los minutos finales no quedó espacio para identificar a qué jugaba el equipo. Se jugaba el resto y en esas condiciones impulsa más el corazón que la razón. Y el corazón manda.
Las modificaciones que planteó Scaloni no hacían más que confirmar que el equipo no había funcionado como él quería contra Cabo Verde. Esas variantes tuvieron un efecto instantáneo porque la construcción de las jugadas era diferente. Se notaba más gestación en el medio, especialmente a través de Enzo Fernández, bien predispuesto para asumir el rol de lanzador para las incursiones de Lionel Messi y Julián Álvarez, quien apareció desde el arranque en lugar de Lautaro Martínez.
Alexis Mac Allister también estaba más cómodo, liberado de la misión de pararse como volante central. A Leandro Paredes le quedaba mejor esa función. Las correcciones parecían las correctas, pero Egipto era un rival diferente, más predispuesto a discutir el dominio del juego y, especialmente, a aprovechar las falencias que Argentina mostrara, sobre todo en el vacío que se abría entre los mediocampistas y los defensores.
Los albicelestes hacían correr la pelota con fluidez y se acercaron con un pase perfecto de Rodrigo De Paul que Enzo tocó de primera. La pelota salió muy cerca del poste izquierdo. A pesar de ese susto inicial, los egipcios no se quedaron de brazos cruzados y dejaron en claro que les bastaba una oportunidad para herir a la retaguardia argentina. Y lo hicieron: Marwan Ateya vio a la defensa mal parada y buscó con un centro a Yasser Ibrahim, que le ganó en el salto a Lisandro Martínez y puso en ventaja a su equipo con un cabezazo que superó la estirada de Emiliano Martínez.
Ese golpe instalaba un escenario inédito: la Selección debía remontar un resultado adverso. Jamás vivió esa situación en Qatar -salvo por la derrota a manos de Arabia en el debut- y eso significaba demostrar la combinación exacta de temple y juego. No bastaba con una de las dos porque la dimensión del rival impedía que alcanzara solo con el carácter y tampoco iba a ser suficiente únicamente con fútbol. Corazón, pases cortos, fe y efectividad. Esa era la receta.
La fórmula pareció dar resultados casi inmediatos cuando Enzo encontró con un pelotazo la proyección de Nicolás Tagliafico, quien fue derribado en el área por Ibrahim. Otra vez Messi desde los doce pasos. Increíble, pero real, La Pulga tiene un problema desde los doce pasos. Le pegó fuerte a la izquierda y hacia allí voló Mostafa Shobeir para ahogar el grito de gol. Tal como ocurrió contra Austria, el capitán fallaba un penal. Tal como ocurrió contra Austria, Argentina no tenía más alternativas que ponerse de pie.
Esa atajada fue la primera muestra de que Shobeir se iba a convertir en un obstáculo formidable para las aspiraciones albicelestes. Le tapó un cabezazo a quemarropa a Mac Allister y luego reaccionó con rapidez para desviar una entrada muy peligrosa de Julián Álvarez. El guardavallas del Al-Ahly estaba iluminado. Parecía que todo iba a salirle bien. Hasta la suerte parecía de su lado: un tiro libre de Messi se estrelló en el poste derecho cuando él ya no llegaba con su estirada.
DEL DESORDEN AL ÉXTASIS
La desesperación no suele ser buena consejera. En su lucha con el 1-0 en contra Argentina eligió acorralar a Egipto, no perdió la calma, pero se descuidó y dejó enormes espacios sin cubrir. Un error de esas características se antoja un pecado imperdonable y los de Scaloni pagaron las culpas por esa imprudencia dos veces seguidas. Ambas terminaron con dos concreciones certeras de Mostafa Ziko dentro del arco de Dibu. En la primera el VAR salvó a la Selección por una falta sobre Licha Martínez en el nacimiento de la jugada, pero la segunda estiró la diferencia en el marcador.
Esas dos acciones expusieron que la necesidad albiceleste de ir al frente le cedió paso al desorden. Apenas recuperaban la pelota, los egipcios volaban hacia adelante y con la velocidad de Haissem Hassan encontraron a Ziko libre de marcas para definir. Uno de los tantos fue anulado, pero el otro se clavó arteramente en el pecho de un equipo argentino que corría el riesgo de desangrarse. Estaba herido, pero aún respiraba. Y cuando un campeón del mundo tiene signos vitales, la esperanza también vive.
¡Sí, vive! Respira, goza de buena salud, emociona, invita a creer. ¿Cómo no creer en este equipo? Estaba 2-0 abajo y se entregó en cuerpo y alma. Messi se apostó como puntero derecho, como en los viejos tiempos en el Barcelona y desde ese rincón empezó a enloquecer a sus rivales. Envió un centro al área y apareció Cuti Romero, como si fuera un nueve, para estampar el 1-0 con un cabezazo letal. Y 60 segundos más tarde otro ataque comandado por el capitán terminó en un remate inapelable de La Pulga que alumbró un 2-2 agónico, digno de una Selección que es todo corazón.
Los instantes finales dejaron en claro que esos hombres vestidos de celeste y blanco jamás bajan los brazos. Apretaron a africanos contra su arco. Querían ganar. ¿Aguantar para llegar al suplementario? ¡No! ¿A quién se le ocurre? Esta Argentina es campeona del mundo y juega como tal. Por más que haya sufrido durante largos minutos y pareciera a punto de despedirse del Mundial, no se entrega. No se permite hacerlo.
Solo así se entiende que Lautaro Martínez, el goleador que se pasó el torneo peleando para encontrar el gol, no perdiera la fe y corriera por la punta derecha como si en esa corrida le fuera la vida. Y corrió tanto que nadie lo pudo alcanzar y sacó un centro para la entrada franca, triunfal de Enzo que le puso la cabeza y el alma a esa pelota que viajó hacia el fondo del arco de Shobeir. ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! Mil veces gol… ¡Qué corazón tienen estos tipos!
LA SÍNTESIS
Argentina 3 – Egipto 2
Argentina: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Tagliafico; Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Lionel Messi, Julián Álvarez. DT: Lionel Scaloni.
Egipto: Mostafa Shobeir Oufa ; Mohamed Hany, Yasser Ibrahim, Rami Rabia, Karim Hafez; Haissem Hassan, Mohanad Lasheen, Marwan Ateya, Emam Ashour; Mostafa Ziko, Mohamed Salah. DT: Hossam Hassan.
Incidencias
Primer tiempo: 10m gol de Ibrahim (E); 20m Shobeir (E) le atajó un penal a Messi (A). Segundo tiempo: Hamdy Fathy por Ashour (E); 20m Lautaro Martínez por De Paul (A); 20m Nicolás González por Tagliafico (A); 22m gol de Ziko (E); 28m Gonzalo Montiel por Molina (A); 28m Mahmoud Trézéguet por Hassan (E); 34m gol de C. Romero (A); 35m Omar Marmoush por Ziko (E); 38m gol de Messi (A); 47m gol de E. Fernández (A); 45m Nicolás Otamendi por Romero (A); 45m Facundo Medina por J. Álvarez (A); 45m Ahmed Sayed Zizo por Lasheen (E).
Estadio: Mercedes-Benz Stadium (Atlanta, Estados Unidos). Árbitro: Francois Letexier, de Francia.















