Lo mandás a Santi Maratea a negociar con el FMI y te trae vuelto”. Esta afirmación nació de la imaginación de Valentina, una usuaria de Twitter cuya cuenta es @valenchumic, luego de que el influencer Santiago Maratea haya hecho posible que una delegación de 50 atletas argentinos pueda viajar al Sudamericano de Guayaquil en busca de una plaza para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
El diccionario de la Real Academia Española todavía no le hizo lugar a la palabra influencer. Entonces debemos recurrir a una búsqueda en Google para entender que se trata de una “persona que destaca en una red social u otro canal de comunicación y expresa opiniones sobre un tema concreto que ejerce una gran influencia sobre muchas personas que la conocen”.
Para alcanzar una definición más precisa de lo que hacen los influencers es preciso agregar que “suelen ser personas creativas, originales por algo. Con su ingenio logran captar nuestra atención. Así acumulan seguidores y seguidores que quieren conocer todo aquello que hacen. A través de vídeos, fotos y comentarios captan nuestro interés, porque nos muestran ideas estupendas de manera original”.
Justamente eso es Santiago Maratea. Pero en los últimos tiempos se transformó en gran benefactor de la Argentina. Primero, en abril, puso manos a la obra y a través de las redes sociales consiguió recaudar dos millones de dólares en apenas 12 días para que Emma Gamarra, una beba de 11 meses que padece atrofia muscular espinal (AME), acceda a una vacuna para combatir ese mal que ataca a las células nerviosas y que afecta directamente a los músculos, que van debilitándose y provocando en quien sufre AME dificultades para caminar, respirar y tener control sobre los movimientos del cuello y la cabeza.
Esta enfermedad genética no tiene cura. La vacuna contribuye a retrasar sus efectos y mejorar en parte la calidad de vida de pacientes como Emma, quien un mes más tarde recibió el medicamento que tanto necesitaba.
TODOS A GUAYAQUIL
El pasado viernes, Florencia Lamboglia, una velocista que se especializa en los 60, 100 y 200 metros llanos, 60 y 110 metros con vallas. A los 29 años (nació el 21 de enero de 1992), posee la cuarta mejor marca nacional de los 100 metros (11,64 segundos frente al récord de 11,40 de María Victoria Woodward, denunció el viernes en las redes sociales que la Confederación Argentina de Atletismo (CADA) se había visto forzada a reducir de 50 a 17 la lista de participantes en el Sudamericano de Guayaquil.
Según la CADA, el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), el organismo autárquico que administra los recursos y la infraestructura para la participación del deporte de alto rendimiento en competencias internacionales, había comunicado que no podía hacer frente al costo de los pasajes de la delegación (50 atletas y 10 oficiales) y la recortaba a 19 miembros (17 y 2) en función de un orden de méritos.
Para los atletas fue un golpe de nocaut, por cuanto su actividad se vio seriamente afectada por la pandemia y no tuvieron demasiadas oportunidades para competir en busca de una plaza en los Juegos Olímpicos.
La de Flor Lamboglia fue una de las tantas voces que se alzaron ante esta situación. Santi Maratea prestó atención al reclamo y puso manos a las obra. Se contactó con la agencia contratada para transportar a la delegación y le dijeron que el costo del viaje era de 160 mil dólares. Las conversaciones, en tiempo récord, llevaron a un importante recorte del valor de los pasajes, que fue fijado en 99 mil dólares.
Con la misma capacidad de mover voluntades que puso en movimiento para ayudar a Emma, Maratea convocó por las redes sociales a sus seguidores para que aporten 22 pesos y así llegar a la cifra mágica de 10,5 millones de pesos (según la cotización del dólar oficial) para poner a los atletas en el avión rumbo a Guayaquil. Lo logró con una facilidad asombrosa.
Aquí es preciso hacer un alto y aclarar algunos puntos clave de esta historia. El ENARD fue creado en 2009 por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Este organismo público no estatal se financiaba a través del 1% que se recaudaba por un impuesto a la tarifa de la telefonía celular.
Durante el gobierno de Mauricio Macri se decidió suprimir esa fuente de fondos como parte de una política que despreciaba el deporte amateur. Su entonces secretario de Deportes, el ex futbolista Carlos Javier Mac Allister, era partidario de eliminar las becas que recibían todos los deportistas que no estuvieran en los puestos de vanguardia. Apuntó, por ejemplo, a los maratonistas que no cumplieron una buena actuación en Río de Janeiro 2016. El Colorado, evidentemente, no tenía conocimientos sobre el desempeño de los atletas argentinos en esa disciplina en los últimos 70 años. La Argentina sólo obtuvo dos medallas doradas en la prueba de los 42.195 metros: una en 1932 con Juan Carlos Zabala y otra en 1948 con Delfo Cabrera. Para un maratonista nacional, llegar a los Juegos ya es un triunfo.
Cuando Alberto Fernández llegó al poder no modificó la ley de financiamiento del ENARD. Seguramente se argumentará que debido a la pandemia debió ocuparse de otros asuntos. Sea como fuere, no había plata para la delegación albiceleste. Al menos, claro, hasta que Santi Maratea apareció en escena.













