River se encamina hacia el título en la Liga Profesional. No, mentira. No se encamina: corre hacia él. Lo hace con goles y un fútbol de alto vuelo que rompe el paradigma de andar rastrero de la mayoría de los equipos argentinos. Invita al aplauso de pie el conjunto de Marcelo Gallardo. Y a la hora de deshacerse las palmas el que más motivos da es Julián Álvarez, un pibe que juega a lo grande.
Álvarez es la estrella que más brilla en el estrellado cielo millonario. Distinción, habilidad, inteligencia, personalidad ganadora, temible poder definición… Lo tiene todo. Está mostrando esos atributos a raudales, como si él mismo entendiera que el momento para lucirse es éste. Como si no tuviera tiempo para demorar su consagración definitiva.
Este pide 21 años nacido el 31 de enero de 2000 en la localidad cordobesa de Cachín era un actor de reparto hace un par de meses. Corría detrás de Rafael Santos Borré y Matías Suárez en la ofensiva de River.
Así y todo se dio el gusto de integrar el plantel de la Selección argentina que terminó con una interminable sequía y se quedó con la Copa América disputada en Brasil. Es verdad: apenas dijo presente en un rato en el 4-1 frente a Bolivia. Pero no es un dato menor que Lionel Scaloni lo tuviera en cuenta a pesar de que en su club no era un indiscutido.
El colombiano Borré se fue al Eintracht Frankfurt alemán poco antes del inicio del certamen local y en su lugar apareció Braian Romero, llegado desde Defensa y Justicia. Suárez seguía firme. A Álvarez le tocaba esperar su turno.
Dispuso de alguna oportunidad para jugar, pero en otras posiciones. Dúctil, se adapta a lo que Gallardo le pida. Tal como sucedió en la histórica final contra de la Copa Libertadores en Madrid, donde, aun siendo un purrete con poco recorrido en el profesionalismo, entró en lugar de Exequiel Palacios para aportar creatividad en el medio y abastecer a Lucas Pratto en la delantera.
Es cierto que en la Libertadores de este año tuvo un marcado protagonismo. Fue titular en ocho partidos y entró en otros dos. Si bien marcó dos goles, su rol se antojaba secundario. Tanto que cuando River afrontaba la doble competencia, él aparecía en las formaciones alternativas a las que el Muñeco apelaba en el frente doméstico.
En la 5ª fecha del actual certamen le hizo un gol a Godoy Cruz en la derrota por 2-1 en Mendoza. En la 8ª acompañó a Suárez y Romero en el ataque y le puso la firma al primer tanto en el 2-0 sobre Aldosivi. No era tan habitual que los millonarios dispusieran tres hombres en ataque, pero esa fórmula era la oportunidad de estar desde el arranque.
La victoria contra los marplatenses se produjo una semana después de la abrupta despedida copera, cuando River debió sacudirse las penas, ajustar la mira y perseguir la consagración en el campeonato local, una cuenta pendiente en el exitoso ciclo de Gallardo.
Aportó su primer doblete a la causa en el 4-1 contra Newell´s en Rosario. Ese día compartió la ofensiva con Romero. Más tarde fue el responsable de la conquista que rompió la paridad en el partido que terminó en triunfo por 3-1 frente a Central Córdoba en Santiago del Estero.
GENIO Y FIGURA
El 3 de octubre, hace poco más de un mes, empezó a gestarse el proceso que hoy lo hace figura indiscutible del líder del torneo. En el Superclásico de la 14ª fecha le hizo dos goles a Boca en el 2-1 en Núñez, resultado que catapultó a su equipo a la cima de la tabla. En ese instante no solo los de Gallardo presentaron formalmente su candidatura, sino que Álvarez levantó la mano para dejar en claro que él estaba listo para llevar de la mano a su equipo hacia el título.
Es que ese día Suárez jugó por última vez con la banda roja cubriéndole el pecho. El ex Belgrano entró faltando siete minutos, justamente para que Álvarez abandonara la cancha cobijado por el afecto de los hinchas.
Dos semanas después volvió a ser la carta de triunfo en el 3-1 contra San Lorenzo en el Monumental. Ese 17 de octubre cantó la marcha del gol con tres tantos de su sello personal. A esa altura era titular inamovible. ¿Cómo pensar en un River capaz de pelear el título sin este fenómeno en sus filas?
Luego del triunfo clave sobre Talleres -el escolta inmediato del líder- en Córdoba sumó un tanto en el 3-0 sobre Argentinos. Tuvo la pólvora mojada en el 1-1 con Estudiantes, en una de las producciones menos vistosas de su equipo.
Y entonces llegó el maravilloso concierto triunfal contra Patronato. River fue una orquesta de una armonía sublime y barrió 5-0 a los entrerrianos. Cuatro de esos goles fueron obra de Álvarez. El pibe marcó de todas las formas posibles: entrando de arremetida como un 9 de área, apretando al arquero y quitándole la pelota, de cabeza tras un rebote y tocándola con sutileza para enviar al fondo del arco de Matías Ibáñez un preciso pase de Jorge Carrascal.
Al término del partido se llevó la pelota. ¿Cómo no iba a hacerlo si era el dueño de la pelota? Pero no el propietario de mal carácter que se enoja y deja el partido reducido a la nada, sino el que juega mejor que el resto y con su fútbol de categoría contagia al resto y encandila con su fulgor.
PARA LA HISTORIA
Acumula 15 conquistas en 16 partidos. Un registro impresionante. Quedó en la historia igualando la gesta de otros próceres millonarios que consiguieron cuatro tantos en 90 minutos.
Comparte ese honor con La Fiera Bernabé Ferreyra, el Charro José Manuel Moreno, el fantástico Walter Gómez (el del famoso canto de los ´50 “la gente ya no come para ver a Walter Gómez”), Ángel Labruna, Luis Artime, Oscar Pinino Mas, el Pulpo Leopoldo Jacinto Luque, el Beto Norberto Alonso, el Burrito Ariel Ortega y más recientemente Fernando Cavenaghi, Ignacio Scocco y Borré, entre tantos otros.
Por si fuera poco, comparte con Ignacio Fernández el sexto lugar entre los máximos goleadores de la era Gallardo. Con 31 tantos persigue a Borré (55), Lucas Alario (41), Scocco (38), el Pity Gonzalo Martínez (35) y Rodrigo Mora (34).
En estas horas se hablará mucho de él. Se dirá que pudo haber jugado en Boca -donde había superado una prueba-, en Argentinos y que a los 11 años encandiló al Real Madrid durante un período en el que se vistió de merengue. Solo la política de incorporaciones de los españoles que no permitía contratar a menores de 13 años le impidió la mudanza a la Madre Patria.
Eligió River, donde encontró su lugar en el mundo. Y donde ya nadie duda que es un pibe que juega a lo grande.














