No hay caso. La Champions League está hecha a la medida del Real Madrid. Solo así se explica que se haya quedado con su 14º título al doblegar 1-0 a Liverpool en la finalísima en el Stade de France, en las afueras de París. El equipo inglés ganó el imperceptible partido de la posesión y buscó el arco rival con más ambición que su rival, pero la gloria es de los merengues. El conjunto español no necesitó brindar una función de gala ni apabullar a su adversario. Le bastó con acertar en una de las pocas ocasiones de las que se dispuso y así volvió a hacer historia. Porque es el Real. Y la Champions, sea como fuere, es suya.
Es verdad que a la hora de sentarse a ver un partido la propuesta del Liverpool resulta más atractiva que la del Madrid. ¿Cómo negar que las huestes de Jürgen Klopp dan un espectáculo estéticamente superior a las de Carlo Ancelotti? Los merengues exhiben menos brillantez, pero poseen una contundencia y una personalidad tan decisivas para este tipo de duelos que permiten suponer que son invencibles.
Liverpool da la sensación de que siempre juega bien. Dinámica, movilidad, desmarques, respeto por la pelota, variantes en ataque… Lo tiene todo. Le falta, en cambio, ese don tan particular que caracteriza al Real: el hábito de ganar finales. En especial, finales de Liga de Campeones de Europa.
Los británicos buscaron la valla de Thibaut Courtois 24 veces y en 9 de ellas acertaron en el blanco. Pero se encontraron con una actuación maravillosa del belga, un flaco y alto con apariencia de inexpugnable. Y no es verdad que las apariencias engañan. Este arquero tapa todo lo que le tiran. Le negó el gol en un par de ocasiones increíbles al egipcio Mohamed Salah, acciones de esas que provocan sacudir la cabeza y pensar “si no entró ésta, ¿cómo se le hace un gol”? No había forma. No hubo forma.
UN EQUIPO CON ESTIRPE GANADORA
Pero la consagración del flamante campeón de Europa no se debe únicamente a la soberbia labor de Courtois. El Madrid es un equipo que sabe muy bien a qué juega. Mejor dicho: a qué debe jugar.
Esperó al insaciable Liverpool con una sólida estructura defensiva y la amenazante presencia de la dupla ofensiva conformada por el francés Karim Benzema y el brasileño Vinícius Júnior para que los de Klopp no cometieran el error de distraerse. Porque el Real no perdona. Probó puntería cuatro veces, en dos llegó al arco de Alisson y una de ellas fue gol.
Ese acierto se dio cuando el uruguayo Federico Valverde se lanzó por la punta derecha y sacó un buscapié -con tanta apariencia de centro como de remate al arco- que encontró a Vinicius Júnior ganándole la espalda a Trent Alexander-Arnold para someter a su compatriota Alisson. Simple, contundente, práctico.
En el medio, Casemiro los corre a todos y deja el alma para recuperar la pelota. Cuando aparecen, Luka Modric y Toni Kroos sacan a relucir su jerarquía. Es cierto que por momentos pasan inadvertidos, pero subestimarlos constituye un descuido imperdonable. Y Valverde, casi jugando como extremo, levanta la mano y pide permiso para desequilibrar por el flanco derecho en un incansable ida y vuelta.
Atrás, Dani Carvajal redujo a la nada al habilidoso colombiano Luis Díaz y la pareja de centrales Eder Militao y David Alaba conformó un sólido triángulo defensivo con Casemiro. En la punta izquierda Ferland Mendy la pasó bastante mal con el peligroso Salah. Pero ninguno hizo papelones. Porque en este tipo de compromisos, el Madrid siempre está a la altura de las circunstancias.
Pensar que hace meses se decía que los merengues atravesaban una etapa de transición a la espera de la llegada de Kylian Mbappé, la estrella francesa que le hizo un desaire al presidente Florentino Pérez y decidió quedarse en el Paris Saint-Germain.
Si hasta se miraba con recelo a Ancelotti, un técnico cuya notable carrera parecía en su parábola descendente. El italiano, con un liderazgo de perfil bajo, se las ingenió para diseñar un equipo que, aunque no encandile con su brillo ni abrume con un variado repertorio en ataque, está preparado para ganar. Festejó en la Liga española y cerró en grande la temporada quedándose con la Champions. Mejor, imposible.
Por si fuera poco, Ancelotti sumó su cuarta Liga de Campeones de Europa, éxitos repartidos entre Milan y Real Madrid. Un ganador con todas las letras.
Al igual que en 2018, Liverpool sucumbió contra los merengues. No hubo recompensa para su juego siempre ofensivo y pleno de llamativas maniobras que aúnan precisión en velocidad, combinaciones perfectas y voracidad constante. Da pena que un equipo así se quede con las manos vacías. No llama la atención cuando eso sucede cuando mide fuerzas con el Real Madrid. Porque el Madrid está hecho a la medida de la Champions. O viceversa.













