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La rubia que le pega bárbaro

Cómo le pega esa rubia!”.  El comentario circulaba entre los que esperaban su turno para ocupar la cancha número 1 del Club Mitre, a pasitos de la estación Migueletes. “Sí, le corre lindo la pelota”, deslizó un profesor. La expresión “le corre lindo” seguramente no va acompañada de apreciación técnica alguna, pero al mismo tiempo es una definición perfecta. Porque bastaba con mirar a “esa rubia” unos minutos para entender que no sólo le daba duro a la pelota, sino que además poseía una sensibilidad asombrosa en su mano derecha.  Todo eso generaba hace unos meses Nadia Podoroska, la tenista argentina de 23 años que acaba de instalarse en los cuartos de final de Roland Garros.  

La rosarina le ganó a la checa Barbora Krejcikova por 2-6, 6-2 y 6-3 y alcanzó una ronda de un Grand Slam que estaba vedada para sus compatriotas desde 2004, cuando Paola Suárez arribó a esa instancia en Wimbledon. Podoroska, la Rusa para sus íntimos, está confirmando todo lo bueno que se decía de ella desde hace varios años. Casi una década, pese a su juventud.  A esta altura está claro que dejó atrás los problemas en la mano derecha, la espalda y la cadera que 2017 amenazaron con malograr su ascendente carrera.

Cuando peloteaba en el Club Mitre se estaba preparando para los Juegos Panamericanos de Lima, en los que obtuvo la medalla dorada en singles y terminó de hacerse un nombre conocido para los amantes del deporte. Hasta entonces, pocos sabían de esta hincha de Rosario Central que había tomado la valiente decisión de dejar la Argentina para instalarse en España para desarrollarse como jugadora. En esos tiempos no sobraba el dinero para la aventura. Todo lo contrario. Vivió donde le abrieron las puertas. Pero no bajó los brazos y hoy está disfrutando en grande.

A los 5 años tomó por primera vez una raqueta en el Club Atlético Fisherton de su Rosario natal. No pasó mucho tiempo para que sus cualidades afloraran. A los 14 años -la misma edad que Gabriela Sabatini, a quien admira profundamente- debutó profesionalmente. Lo hizo en el circuito ITF, es decir desde el escalón más bajo del tenis femenino. Tenía 16 cuando obtuvo su primer título: en el ITF $ 10.000 de Santiago le ganó por abandono a la chilena Cecilia Costa Melgar. Desde entonces, y hasta que las lesiones se interpusieron en el camino, fue mejorando, trepando en el ranking WTA -gracias a sus 14 campeonatos en singles y alguno de dobles de ITF- y debutando en la Fed Cup. Hoy ocupa el 130º puesto en el escalafón y está en su mejor momento desde su aparición en el circuito mayor en 2016. Su pico máximo esta temporada fue haber dejado atrás la clasificación y haber participado en el Abierto de los Estados Unidos.

Su primera victoria en las competencias de la WTA fue hace tres años en Monterrey. Se impuso a la estadounidense Madison Brengle (100ª en el ranking) por 7-5, 0-6, 6-3. Con Juan Pablo Guzmán y Emiliano Redondi como entrenadores luego de su etapa con Carlos Rampello -la había acompañado desde antes de los 10 años- llegó la medalla dorada en Lima.

Roland Garros la recibió sin alfombra roja. Es más: se hizo un lugar desde la clasificación. Sin embargo, fue hilvanando triunfos: 6-2 y 6-1 a la belga Greet Minnen; 6-3, 1-6 y 6-2 a la kazaja Yuliya Putintseva (27ª del ranking); 6-3 y 6-2 a eslovaca Anna Schmiedlova y este domingo a Krejcikova en la cuarta ronda. El martes se las verá nada más y nada menos que con Elina Svitolina, sexta en el ranking.  “No tengo idea de quién es”, comentó la ucraniana. Conviene decirle: “Es Podoroska, una rubia que le pega bárbaro”.