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Irán mueve su ficha en Gaza

Por Luciano Mondino *

Los operativos preventivos lanzados sobre la Franja de Gaza en la tarde del 5 de agosto volvieron a poner el foco en una de las regiones más conflictivas y observadas en momentos donde la tensión aumenta. Desde la detención de Basaam Al-Saadi, líder de la Yihad Islámica apuntado como autor intelectual de la ola de atentados del 2022 en Israel, el último 2 de agosto en Judea y Samaria, las facciones islamistas esparcidas por Palestina desplegaron las clásicas amenazas sobre la población civil cercana y la demostración de fuerza con misiles cuyas precarias bases, como también el rudimentario uso del armamento por parte de los islamistas, ponen en riesgo la vida de las propias urbes árabes. Sin contar con la utilización de escudos humanos, especialmente con mujeres y niños, y con las fallas que los misiles presentan como en Jebalya cuando un misil lanzado contra población israelí hizo una suerte de efecto boomerang e impactó en una casa palestina ultimando a seis personas.

Israel, convulsionado por la necesidad de definición política interna de cara a las próximas elecciones, se enfrenta no solo a las amenazas islamistas sino a un nuevo intento de la República Islámica de Irán de acrecentar su poder en los escenarios proxy, que son como una suerte de laboratorios bélicos de los líderes religiosos, políticos y militares iraníes. La expansión de Irán en la búsqueda de dominio regional, que además puede tener alcance nuclear si es que el país se hace con la tecnología y el armamento, amenaza la estabilidad de la región.

La Yihad Islámica Palestina (JIP) es una de las organizaciones catalogadas como terroristas islamistas que opera en Gaza. Nacida en 1987 como una estructura operacional, se ha desarrollado de forma paralela a Hamas, quien gobierna la Franja de Gaza desde el 2006, afianzando un poderío militar mucho más fuerte que la capacidad de influir políticamente dentro de Gaza y hacia Israel. La JIP busca capitalizar el creciente descontento de los palestinos contra Hamas y convertirse en el mayor, o el único, interlocutor válido de Teherán para consolidar el proyecto global de guerra santa que incluye a otros grupos terroristas como Al Qaeda, cuyo líder Al Zawahiri fue recientemente abatido por Estados Unidos en Afganistán y el propio Hezbollah que es el brazo armado de Irán en el Líbano.

La Operación Alot HaShajar, traducida al español como “amanecer”, en la tarde del 5 de agosto en la Franja de Gaza por parte de las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI) comenzó una serie de certeros golpes por parte de las fuerzas israelíes a la JIP: primero con la eliminación de Tayser Al-Jabari, un importante militar de la facción yihadista, y luego con la baja de otros líderes militares significativos para la organización. Resulta interesante destacar, además, que hay algo que une a las historias de las operaciones militares de Estados Unidos en Kabul el último día de julio y las recientes realizadas por Israel en Gaza: tanto Al Qaeda como la JIP y Hamas utilizan escondites dentro de los centros urbanos civiles árabes que funcionan como enormes escudos humanos y donde, aún con ataques selectivos y quirúrgicos, el riesgo sobre la población civil es muy alto.

EL TEATRO DE OPERACIONES Y LA GEOPOLÍTICA PERSA-ÁRABE

La política en Oriente Medio tuvo un vuelco en la década de los noventa cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo, junto con otros acuerdos precedentes, garantizando establecimientos de paz entre Israel y los Estados Árabes y afianzando relaciones comerciales, económicas y políticas que siguen desarrollándose hasta hoy en día. La famosa foto entre Isaac Rabin, Bill Clinton y Yasser Arafat era la consolidación de concesiones territoriales y pacificación que, hasta el momento, no ha llegado desde los intereses ni de Hamas ni la JIP.

Uno de los casos más emblemáticos en la construcción de paz ha sido Egipto con quien el Estado de Israel ha mantenido una muy tensa relación desde 1948 pero que termina entrando en una etapa de distensión a partir de los acuerdos de paz de los años setenta. Egipto, gobernado actualmente por Abdelfatah Al-Sisi, se encuentra aún en un proceso de transformación abierta luego de las revueltas árabes de 2011 y la victoria de los Hermanos Musulmanes, una organización terrorista islamista, abortada en 2013 por el propio Al-Sisi. Desde entonces, los egipcios se han vuelto fundamentales para calibrar la gestión del conflicto entre Israel y Hamas o la Yihad Islámica por dos motivos importantes de considerar: primero porque Hamas, fundada también en 1987, surgió como una facción palestina de los Hermanos Musulmanes. Para el gobierno egipcio, Hamas es un actor perturbador por sus orígenes, pero también porque Gaza comparte una frontera con Egipto a través del paso fronterizo Rafah. En segundo lugar, porque tanto Hamas como la JIP reciben financiamiento y apoyo operativo desde Irán, siendo los Ayatollahs iraníes acérrimos rivales para la política de El Cairo.

El temeroso ascenso y expansión de los persas en la región, aunque no desprovistos de conflictos internos, busca ser prevenido por los propios Estados Árabes que, aún siendo díscolos con la historia y política israelí, ven con preocupación el acceso a la tecnología nuclear por parte del gobierno islámico iraní y, especialmente, el deterioro de vida en aquellos laboratorios armamentísticos de los iraníes fuera de Irán: Yemen, el Líbano, Siria y Gaza.

Los países del Golfo, liderados políticamente por la injerencia de Arabia Saudita, se estructuran en el Consejo de Cooperación del Golfo que es el organismo que nuclea las intenciones y directrices de sus políticas exteriores. Países como Emiratos Árabes Unidos o Bahréin han logrado acuerdos de pacificación e integración con Israel que ciertamente eran impensados hace pocos años atrás. Misma situación puede darse en el Reino de Marruecos, enfrentado con Argelia, quien en agosto tuvo la visita del ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid, para iniciar la misión diplomática en Rabat por primera vez en la historia.

Egipto, por estas horas, es un actor clave en evitar una escalada real que hasta el momento arrojó más de 400 misiles lanzados desde Gaza, palestinos muertos y zonas civiles de Israel bajo ataque. Su influencia sobre Hamas es la que puede garantizar que esta organización mantenga su lejanía y no intervenga, como hasta ahora, en lo que depararía una tensión mucho mayor entre las partes y un recrudecimiento que lleve a situaciones similares como las del mes de mayo de 2021 con varios días de ataques.

La República Islámica de Irán, ciertamente hundida en problemas domésticos y con una resistencia cada vez mayor de la población al régimen islámico impuesto desde 1979, convirtió a la Franja de Gaza en un laboratorio para experimentar y fortalecer a la JIP que es su segundo brazo contra Israel: con ellos ataca desde el sur y con Hezbollah en el sur del Líbano puede atacar el norte de Israel.

Como contracara de la Cumbre del Néguev, que unió por primera vez a Estados Árabes con Israel y Estados Unidos en marzo de 2022, Teherán reforzó el contacto con los líderes de sus brazos armados en el exterior convirtiendo a la capital del país en una pasarela donde transitó Nassan Nasrallah, líder de Hezbollah, y recientemente Ziyad Al Nakhalah, el secretario general de la JIP, con el fin de engrosar la alianza operativa en Gaza.

«UNA OPERACIÓN LARGA Y DÍAS TENSOS»

La extensión de la operación en Gaza por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel acrecienta los márgenes para que Hamas cambie su táctica y decida ingresar al ataque de Israel. Sumado a las amenazas de Hezbollah en las últimas horas de vengar las operaciones israelíes, la intervención de Hamas implicaría aumentar fuertemente la posibilidad de misiles y cohetes en el aire y una mayor respuesta por parte de la cúpula de hierro, el sistema defensivo israelí, para evitar el daño en civiles.

Objetivamente, el conflicto entre Israel y Hamas-JIP pasa a una etapa de gestión de este dado las limitantes que Israel tiene para intervenir directamente y barrer a todo el operativo táctico de ambos en Gaza. El muy frágil esquema de alianzas que entre árabes e israelíes se sostiene desde hace décadas y que, día a día, sigue dando sus frutos, podría verse seriamente amenazado si se produce una mayor intervención sobre Gaza que, estratégicamente, sería muy favorable a Israel. Sin embargo, la respuesta sería la apertura de una puerta a un infierno muy poco imaginable transformando a frágiles aliados en nuevamente acérrimos enemigos y dando los justificativos a Irán para iniciar un ataque a mayor escala.

  • Máster en Relaciones Internacionales. Experto en terrorismo y crimen organizado.
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