Según un informe de la Agencia de divulgación científica de la Universidad Nacional de La Matanza (ACTyS-UNLaM) se encontraron cuatro ejemplares de una nueva especie de tortuga, denominada Waluchelys cavitesta, al sudeste de la provincia de San Juan, en la localidad Balde de Leyes. A partir de su estudio, se revelaron nuevos aspectos sobre el origen del caparazón de estos animales.
Los investigadores pudieron reconstruir de forma casi completa el caparazón de esta tortuga de fines del Triásico, la cual convivió con el primer dinosaurio gigante del que se tiene conocimiento -Ingentia prima-, así como también con antecesores de los cocodrilos y de los mamíferos. La doctora Juliana Sterli, investigadora del Museo Egidio Feruglio (MEF) y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “esta nueva especie está entre las tortugas más antiguas que se conocen y su estudio nos aportó datos sobre cómo se originó su caparazón”.
“El origen del caparazón en las tortugas es uno de los temas más cautivadores de la evolución de los tetrápodos (vertebrados con miembros) y, en esta especie, se observa una estructura inesperada y que es absolutamente nueva: las placas que conforman la periferia del caparazón tienen unas cavidades internas”, indicó Sterli, autora principal del estudio publicado en la revista científica Papers in Palaeontology.
Su nombre Waluchelys significa tortuga en lengua diaguita (walu) y en griego (chelys), en tanto que “cavitesta” hace referencia, justamente, a esta particularidad de tener cavidades internas (cavum) en su caparazón (testa).
A partir de estos cuatro especímenes, se pudo reconstruir gran parte de su caparazón, de su cintura pélvica, de su cintura escapular (lo que sería la articulación de su hombro) y parte de su cráneo. Este animal existió a fines del Triásico, ya muy cerca del límite con el periodo Jurásico que comenzó hace unos 200 millones de años.
El tamaño de esta tortuga antigua rondaba los 40 centímetros. Estas pequeñas especies convivieron con dinosaurios depredadores como el Lucianovenator bonoi, el cual tenía unos dos metros de longitud. Además, compartieron hábitat con esfenodontes, antecesores de los cocodrilos y de los mamíferos.










