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El resurgir de las naciones

La pandemia de coronavirus, tan global como persistente, ha hecho tambalear algunos credos que se pensaban ya establecidos de manera definitiva. El mundo como una gran aldea montada sobre los lazos del comercio internacional, la abolición de las fronteras, es una versión que ahora entra en etapa de repaso frente al resurgir de las naciones.

Desde la caída del Muro de Berlín y hasta nuestros días predominó el mensaje claro y bien dirigido de que sólo una manera de ver y actuar en el mundo garantizaba el éxito de los países. La especialización en materia productiva era clave para que cada uno se acoplara como un eslabón más en esta cadena trasnacional del comercio.

Es decir, si las ventajas comparativas iban por el lado de la producción primaria, pues lo mejor que podía pasar era convertirse en el supermercado del mundo. La idea de sustituir importaciones despertaba risas en los economistas con pantalla y quedaba, de alguna manera, como un plan vetusto guardado en el bolsillo de viejos intelectuales de la economía, la mayoría de ellos ya muertos.

Pero de pronto y de manera inesperada irrumpe una pandemia y entonces el mundo se pone raro. Como me dijo un economista hace un puñado de días: “No es el mundo que estábamos viviendo, es algo más ochentoso”. Las verdades establecidas comienzan, poco a poco, a resquebrajarse.

Uno puede preguntarse dónde quedó la retórica de los países desarrollados y sus emisarios cuando condenaban el déficit fiscal y la emisión monetaria, si es justamente lo que se están permitiendo ahora en la emergencia. Claro que tienen una economía más sana y pueden permitirse esos lujos, pero no se trata de discutir eso sino de interpretar este súbito cambio de lógica.

Tampoco se trata de encerrarse a vivir con lo nuestro, pero sí de tener una mirada soberana sobre algunos puntos estratégicos de la vida nacional. De estar en condiciones de responder esta simple pregunta: ¿Qué hacés cuando ya no te venden más?

Hoy la urgencia mundial pasa por conseguir vacunas. ¿Quiénes las tienen? La respuesta es sencilla: los que las fabrican. Ellos tienen la llave, el poder está en sus manos. China ha decidido cortar por ahora la exportación para vacunar a su población, e India, al borde del desastre, hizo lo propio. Las fronteras, hasta hace poco casi inexistentes para el poderoso comercio, se cerraron abruptamente.

Es entonces cuando empiezan las febriles negociaciones para conseguir las licencias y los insumos claves que nos permitan fabricar aquí, en la Argentina, las vacunas contra el Covid 19. Es ahora, entonces, cuando también vale pensar si todos estos años en los cuales se mandó a lavar los platos a los científicos, cuando se recortó el presupuesto en las áreas de ciencia, cuando se burlaban de los becados del Conicet, quizás no hayamos incurrido en un grave error.

Los que hoy miran con insana envidia en el televisor cómo algunos países ya vacunados, como Estados Unidos e Israel, retornan a la vida normal son quizás también los que en su momento compraron con moño y todo la idea de que producir y fabricar eran verbos pasados de moda.

Pero parece que no, que nos creímos ese cuento y desmontamos estructuras y desalentamos la producción, y le quitamos condiciones de competitividad a muchos sectores porque, en definitiva, el siglo XXI era global. Otra lección para aprender, de cara a lo que se viene.

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